Los obreros de una siderurgia china matan al director general después de que anunciara 25.000 despidos PDF Imprimir E-mail
Escrito por MAXIMO   
Sábado, 01 de Agosto de 2009 17:28

• La empresa pública iba a fusionarse con una firma acerera privadaalt

PEKÍN

Una turbamulta de trabajadores amenazados con perder el empleo mató a golpes a un empresario en la nororiental provincia de Jilin. El desasosiego por el paro rampante ya se ha canalizado violentamente en China antes mediante manifestaciones y secuestros temporales, pero es la primera vez que acaba en la muerte de un directivo. Miles de empleados se enfrentaron después a la policía, con el resultado de un centenar de heridos.

El desencadenante del tumulto fue el anuncio de despidos masivos en Tonghua Acero y Hierro, una compañía estatal que se halla en medio de un proceso de fusión con otra privada, Jianlong Acero. No ha sido un buen año para la industria metalúrgica en China, principal productor y consumidor mundial. Pekín intenta adelgazarla para incrementar la competitividad, a menudo con despidos y recortes de sueldos que no son bien recibidos por los trabajadores. La medida choca a menudo con los gobiernos de las provincias, reticentes a perder esas fuentes de ingresos.

Las últimas subidas del precio del acero eran la primera buena noticia que recibían en años los trabajadores de Tonghua, en su mayoría accionistas. Así que cuando les dijeron que 25.000 de los 30.000 serían despedidos en tres días, el optimismo mudó en violenta frustración. Chen Guojun, director general de la compañía, fue golpeado hasta morir tras anunciar la noticia en una de las naves de producción. Chen era escasamente querido por los trabajadores desde que se supo que su sueldo ascendió el año pasado a tres millones de yuanes (unos 300.000 euros), cuando los jubilados se iban con indemnizaciones de 200 yuanes (20 euros) por mes. Después de masacrar a Chen, miles de trabajadores cortaron las carreteras de acceso a la fábrica y la vía del tren, detuvieron la producción, impidieron la entrada de ambulancias y se enfrentaron con la policía.

Dos gigantes del sector
La rendición llegó a primera hora de la mañana. El Gobierno de Jilin anunció que posponía indefinidamente la fusión. Entonces, la prensa local informó de que se ha recuperado la paz social. Esta era la segunda vez que Jianlong Acero intentaba comprar a Tonghua. Ambas son pesos pesados: la primera ocupa el puesto 158 de la clasificación de compañías chinas; la segunda, el 244, con una producción de 7 millones de toneladas de acero anuales.

Jilin está en el este de China, pero mucho más al norte que las provincias manufactureras. El conflicto es diferente al cierre de fábricas en Cantón provocadas por la caída de las exportaciones. La causa es mucho más vieja: la absorción de empresas públicas por privadas. Estas suelen preceder a bajadas de sueldos en nombre del libre mercado o despidos masivos, todo envuelto en operaciones poco transparentes.

La producción china ha pasado del monopolio estatal a la preminencia privada, y con ello se han perdido los derechos laborales maoístas. Hasta no hace tanto, la unidad de trabajo destinaba a los chinos a una empresa, que le suministraba la vivienda. Era el tazón de acero de arroz, un mínimo para la supervivencia asegurado a todos. El proceso de privatización ha dejado a millones de trabajadores en el paro, muchos de ellos con edad avanzada y escasas posibilidades de encontrar otro empleo, y con subvenciones misérrimas. Ese era el panorama que se les presentó a los miles de trabajadores de Tonghua antes de moler a palos al directivo Chen.

La crisis de las exportaciones ha disparado el paro en el gigante chino, golpeando tanto a los más privilegiados socialmente (unos siete millones de universitarios buscan empleo) como a los tradicionalmente desheredados (unos 20 millones de inmigrantes rurales de la China del interior han tenido que regresar a sus casas tras el cierre de fábricas). El número de conflictos laborales aumentó el año pasado hasta los 237.000 y afectaron a 1,2 millones de trabajadores. Supone un crecimiento del 98% respecto al año anterior, según la Oficina Nacional de Estadísticas.

No es raro que al cierre de una fábrica le suceda una manifestación de protesta, pero el asunto se resuelve con el pago de los salarios adeudados. Los hacen efectivos las autoridades locales, que reciben mandatos continuos desde Pekín para mantener la estabilidad.

La violencia es rara, incluso cuando los empresarios se han largado con el dinero de la caja. El asunto de Tonghua le pilló casualmente al primer ministro, Wen Jiabao, de viaje oficial por la provincia. Wen es la cara sonriente del partido, defensor tradicional de los oprimidos, pero se desconoce si visitó la fábrica y en el comunicado oficial no hubo ninguna referencia a su opinión al respecto.


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